Voy a hablar de esta isla, me consta que es de la que menos se ha hablado, ¿Y porqué? porque no interesaba, siempre que se habla de las islas Canarias, se refiere todo el mundo a las capitalinas, Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote, eran las más explotadas de cara al turismo y claro las pequeñas tales como el Hierro, la Gomera, y Fuerteventura apenas se las conocía. No voy a negar que esta es una isla muy árida, sin apenas manchas verdes, todo es color tostado, por el sol y por el volcán; ¡Es verdad! que yo la primera vez que vine, hace ya doce años al bajar del avión lo primero que le dije a mi acompañante, fue -Dios mio, que secarral, esto es el fin del mundo- no sabía yo entonces que estaba emulando a don Miguel de Unamuno, cuando casi treinta años antes, desterrado por el gobierno de Franco y al poner pie en esta tierra lo primero que dijo fue: -Si culo el mundo tuviera; Fuerteventura fuera- pero yo al igual que él con el paso del tiempo, y cuantas más veces venía más cariño le cogía, hasta el punto de que ahora cuando me voy para la península, allí estoy unos cuanto dias añorándola y pensando todo el día en ella. Y es que aunque árida, y seca, calurosa y sin verde ninguno, salvo las palmeras y jardines que se han plantado, no tiene ni una planta que le de color, pero son sus gentes, cariñosas, alegres, acogedoras, sinceras, y son sus playas de arena blanca, suave, límpia, y sus aguas, cristalinas, serenas, azules y verdes, según la luz del sol; pero sobre todo laaaargaaas, laaargaaaas y sin masificar, que hacen que los enamorados de todas estas ventajas acabemos enganchados a ella de tal manera que si no vengo, yo por lo menos, dos o tres veces, no podría soportar el resto del año.
Mis amigos -que no lo entienden- como puede gustarme tanto, lo achacan a que vive aquí mi hija, y como es la única que tengo creen que solo vengo por estar con ella. ¡Que sabrán ellos de mis sentimientos, de lo que yo siento, cuando sentada a la orilla del mar, en las noches claras y con una agradable temperatura a escuchar el sonido del mar, y el canto de las gaviotas, o cuando paseo por las avenidas de Jandía o de Costa Calma, o viendo sus museos, el de la Alcogida, el de Betancuria, y En fin que es una maravilla, por eso yo la denomino así, con mayúsculas FUERTEVENTURA, "LA ISLA".