¡Ya queda menos! solo una semana, de hoy en ocho días ya estaremos todos en casita, supongo que dando la cena al pequeño, luego el baño, y a la cama; vendrán como siempre con ganas de descansar, porque es un día tremendo, muy cansado, ¡hay que ver desde que uno se levanta y acaba de hacer las maletas, que si nos ponemos en marcha, que si el coche, el niño, la silla, etc. luego una hora para llegar al aeropuerto, que si voy a entregar el coche, porque ¡claro! como nadie podía ir a llevarlos, tuvieron que pedir un coche a la empresa y luego dejarlo en el aparcamiento de la empresa, mientras tanto ella se ha puesto a la fila para cojer sitio e ir avanzando, para facturar las maletas, pero como son dos maletas, la silla del niño, el bolso de él, más el de mano de ella, las cazadoras, porque aquí hace muy bueno, pero al llegar a Madrid hará frío, por lo menos para una cazadora o chaquetón;
una vez subidos al avión, el padre tiene que coger encima al pequeño y atarselo a la cintura, -esperemos que se mueva poco- ¡es buen chiquillo!el vuelo que dura casi tres horas, bajarse, que esa es otra desde que la primera persona se pone de pie, hasta que sales, también se tarda, también, luego en Madrid llegar a la sala de las cintas, que no es como en Fuerteventura, que aunque está creciendo, el aeropuerto, lo dominas todo, casi con la vista, pero el de Madrid, hay el de Madrid, -a veces hay que caminar más de un kilómetro- después la espera en la cinta, empiezan a salir las maletas, una, otra, otra, ¡hay viene la nuestra! a no, es parecida, y después de más de un cuarto de hora, ¡por fín! esa sí es y luego la otra y el bolso, ¡ale, ya tenemos todo! se ponen en marcha y en pocos minutos salen por las puertas, y ahí estamos nosotros esperándolos. Comienzan mis gritos, mis gestos, y por fín los abrazos, cuando termino con los tres me dedico al pequeño. Lo extraño de la última vez que estuve allí, y solo hace un mes y medio, pero a crecido, está precioso, el se alegra mucho de verlos, lo expresa con la alegría de su rostro y con las risas, no para quieto ni un momento, señal también de que está nervioso, nos vamos acomodando; cuesta un poco meter las dos maletas, y la silla del niño en el maletero, pero por fín cabe todo, adelante se sienta mi yerno, y atrás el abuelo, la mamá, y en la silla, el niño, yo conduzco, el abuelo está cansado.
Bruuuuuummmmmmmmmmmmmmmmmm brrrrrrrruuuuuuuuuummmmmmmmmm, llegándo a casa. ¡ah oh, que felicidad! por fin descansaremos; -oh no los perritos nos esperan- y se alborotan todos no nos dejan ni entrar las maletas, uf quieto, quietos. Ya por fín entramos, son las ocho y media de la tarde, todo el día danzando, AGOTADOR.
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